viernes, 22 de julio de 2011

Entre los ruidos que siempre escuche empecé a distinguir un susurro. Unas pocas palabras que empezaron a tomar forma mientras caminaba y buscaba entre las calles a alguien que satisficiera los mandatos de aquel susurro.
 Recordaba sus palabras, su abrazo, su ultima frase antes de subirse al bus, pero a pesar de todo debía satisfacer a ese susurro. Camine buscando a alguien que me proporcionara la felicidad encapsulada en una pequeñas hojas y luego poder agradecer a los griegos por fumar todo lo que veían.
Quería volver a la densidad de aquel humo que antes de vaciar mi estomago en una mala noche me había elevado y dado las fuerzas de reírme ante la fatalidad de nuestro putero destino. Quería otra vez reírme de mi locura, de su insensatez, de todo el mundo que tan coherentemente me ordenaba marchar izquierda, derecha, izquierda derecha. Que me metía en un traje de un solo color y me ordenaba pasear por las calles con un rostro serio, sin mostrar una sonrisa, pero tampoco preocupación (you know, a poker face).
Quería reírme a carcajadas de mi propia debilidad y de ese falso amor que todos nosotros damos a nuestros prójimos (el único modo en que sabemos amar).

No hay comentarios: