se amontonan en mis brazos
y el ser inquietante susurra
una y otra vez "nada importa",
me dejo llevar por mis pies
mi cuerpo sucumbe y
mis manos acarician la pared
Los lobos han empezado la huida
y mis manos vestidas de escarlata
los van atrapando uno a uno,
los van empujando, destrozando,
extirpan sus colmillos, su ser ajeno
Ya no temo, ya no los veo
pero siguen en sangre.
Una flecha clavada en mi pecho
indica el contraataque
no grito, no lloro, no hago nada
ante esa impasibilidad ellos no me tocan
me temen, temen mis ojos vacíos
mis manos llenas de ellos
Detesté su mirada sobre ella, no invoque a otro dios sólo use mi grito contra él.
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