Recurrió a cada segundo que una fría maquina le daba. Aprovechando los espacios de paz que hay entre un disparo y otro, se van preparando los camiones de escape mientras pegado a la maquina envía mensajes. Ella en su búnker parece ser inmune, pero oye las bombas caer a su lado. Él se para en los cráteres humeantes seguro que los proyectiles no caen dos veces en el mismo lugar. Siempre pegado a él, la maquina.
Ella le obliga a descifrar pasos y caminos ya recorridos. Él los nombra apresurado, intentando mantener un orden coherente en el campo de batalla. Su voz, la de ambos, se interrumpe, la maquina cae destrozada y él huye al camión abrazando entre sus brazos sus últimas palabras.
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