martes, 21 de junio de 2011

Polvo de hadas (MDMA)

La angustia provenía de la certeza de la pronta muerte de aquel niño, de su eventual desaparición, de su desvanecimiento en el umbral de la memoria, del proceso, de la madurez. Era ese punto en el que volvía a menudo y pensaba que no debería ser así.


Mantuvo a ese niño vivo a base de químicos, ocultando las voces con sonidos fuertes que espantaban al común de la gente, pero que atrae a los niños perdidos. Podría haberse alzado como un nuevo Peter Pan, un Peter Pan urbano que nacía entre las calles apestosas, entre la podredumbre y la verdad lo fue durante un tiempo. Con los niños perdidos se alzaron contra el smog, la tranquilidad de la noche, las riquezas de la capital.

Pero el cuerpo de los niños es frágil y Garfio, en su madurez, no ha envejecido (este es un dato que los cuentos ocultan) es fuerte, más que Peter y sus amigos. Todos cayeron, el polvo se acabó o este acabó con sus mentes. El suelo los recibió malignamente y ató raíces a sus pies, ellos quedan quietos en la rutina de los terrestres, el encanto de las hadas se ha esfumado.

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