Espere sus pasos lentos, envidié los besos ajenos que a mi lado se alzaban ruidosamente, mientras una niña pedía a gritos un globo de helio o de nada solo quería un globo. Me cansé de esperar y empecé a caminar triste y firme por el pavimento de una ciudad gris llena de nebulosas nubes que nunca lloran y la niña sigue sacando su humedad por los ojos, sigue tras sus padres pensando en ellos y ellos pensando en ellos.
Y cuando los niños se perdieron en el cemento, camine mientras me alimentaba de ese humo que se escapa de carros deslartados, y mi voluntad se apaga lentamente hasta caer al piso y sucumbir ante una bocanada de humo.
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