Tengo que safar, el humo ha golpeado mi pecho duramente, me ha hecho torcerme en el piso mientras ruego agua por mi garganta incendiada. El humo sube a mi cabeza y la aturde y mi mente se hace más clara y siento su voz en mi cuello, en mis neuronas, en mis manos pidiéndome que lo deje libre. Pienso que escapar es inútil, pienso que no puedo correr y solo atino a agazaparme al suelo para que éste deje de moverse y le dé un respiro a mi sentido de orientación. Permito una vez más que todos se junten alrededor mío y jadeen ansiosos por mi carne y esperen a que caiga dormido, otra vez, para hacerse de los pedazos aun sanos de mi cuerpo.
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